No desesperar y aprovechar las adversidades para reinventarse. Esa debe ser la norma en la forma de concebir la planificación urbanística para adaptarse a las nuevas necesidades económicas, sociales y territoriales. No insistamos en aplicar fórmulas que antaño funcionaban a la espera que el entorno "mejore" puesto que somos nosotros los que debemos amoldarnos a las circunstancias.